Y empieza la magia.
¿Qué más da que no lo haya vivido? Lo mejor es, precisamente, eso; ser capaz de emocionarme por algo que, a ratos, ni si quiera puedo comprender. Por que la magia es un espectáculo apto para todos los públicos.
Y las luces empiezan a apagarse, y un corto video te introduce de lleno en la historia de los años ochenta. Y empieza la música, el baile y, no sé como, me sentí cual icono emocionado del msn (ya sabes, ese de uoO). O más o menos así era mi expresión en aquellos momentos.
La música, completamente diferente, que ayudaba con el ritmo de la historia. Las palabras se mezclaban y los personajes poco a poco fueron tomando forma en mi cabeza, llegando a conocerlos a la perfección. Mario, María, Colate, Guillermo, Panchi, Patricia, Anselmo... Y ver cómo evolucionan, como viven, como respiran delante tuyo es, realmente, emocionante.
Y llorar, llorar con las canciones, y cantarlas, pero sobretodo llorar, llorar con una en especial. Y sentir en la oscuridad el apoyo ajeno, y sentir un poco menos de dolor cuando una mano aprieta con fuerza la tuya y puedes secarte las lágrimas, coger aire y seguir disfrutando.
En definitiva... Magia. Magia transformada en música, bailes, acrobacias, personajes, luces, escaleras y camas. Y risas, para qué negarlo. Y al acabar, un telón que se tiende, montones de confeti para celebrar el año nuevo en la puerta del Sol, como el año que fue, y una carrera desenfrenada con tal de abrazar al que te ha dejado disfrutar de todo aquello.
Sin duda, uno de los mejores regalos que me han hecho en mi vida. Os invito, si podéis, a ver el espectáculo. Merece la pena. Hoy no me puedo levantar ♥
En otros asuntos del día...
...Quiero que se acabe. YA. No quiero, ni puedo, seguir con este miedo corriendo por mis venas.
Y no imaginas lo que duele cuando recuerdo tu olor por casualidad... Y de pronto se esfuma.
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